INDICE

 

PRESENTACION

INTRODUCCION     

  1. Motivación del Directorio
  2. Orientación Pastoral
  3. Finalidad del Directorio

 

EL MATRIMONIO CRISTIANO

  1. Importancia del Matrimonio Cristiano
  2. Situación actual de la Familia
  3. Situación actual de la legislación
  4. Situaciones reales de los Contrayentes
  5. Sacramento para los hombres

 

PREPARACION AL MATRIMONIO CRISTIANO

  1. Necesidad de esta preparación
  2. ¿En qué consiste esta Preparación?
  3. Preparación remota
  4. Preparación próxima
  5. Preparación inmediata

 

CELE1BRACION DEL MATRIMONIO CRISTIANO

  1. Matrimonio Penitencia Y Eucaristía
  2. Celebración del Sacramento
  3. Tiempo y lugar de la Celebracion

 

PASTORAL FAMILIAR

  1. Objetivos de la Pastoral Familiar
  2. La formación permanente de los esposos
  3. La espiritualidad Matrimonial
  4. Atención a las familias en dificultades

 

ORIENTACIONES DIOCESANAS PARA LA PAS­TORA¡ FAMILIAR

  1. Creación de la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar
  2. Normas generales sobre la preparación y celebración del Matrimonio
  3. Cursillos prematrimoniales

24 Normas generales de Pastoral Familiar

 

CONCLUSIÓN

 

 

Presentación

 

El Sínodo de Obispos recientemente celebrado en Roma ha tratado en profundidad el tema de la misión de la familia cristiana en la sociedad contemporánea. Antes, sin embargo, ha querido detenerse en el estudio de los fundamentos antro­pológicos del matrimonio y en la teología del sa­cramento del matrimonio.

 

No podía ser de otro modo. Matrimonio y fami­lia son realidades que están estrechamente unidas entre sí; como lo están el árbol y sus raíces, el agua y su manantial. Por eso, este Directorio de Pastoral Familiar da lugar preferente a la prepa­ración para el matrimonio.

 

Se debe urgir, cada día más, una cuidadosa preparación para el matrimonio. Porque las rela­ciones interpersonales son en él complejas y pro­fundas. Por otra parte, si se quieren prevenir tan­tas situaciones irregulares como hoy se dan en la vida matrimonial, no hay mejor camino que éste. Además, ¿cómo lograr de otro modo aquella ma­durez humana y de fe que es necesaria para afron­tar las responsabilidades familiares y sociales que comporta el matrimonio?

 

La preparación para el matrimonio no es sólo un período de tiempo, sino un proceso gradual y continuo. Debe comenzar en el seno, de la familia y de la Iglesia, con la misma iniciación cristiana. Adquirir una mayor intensidad, incluso con una cierta programación sistemática, en los años de noviazgo. Y culminar con la preparación inmedia­ta y el Cursillo de preparación para el matrimonio.

 

El Cursillo es un servicio necesario, que debe ofrecerse a todos los que desean recibir el sacra­mento del matrimonio y ha de ser urgido, pero no de tal suerte que la falta de este requisito se con­vierta en un nuevo impedimento para contraerlo.

 

El Directorio de Pastoral Familiar que hoy ofre­cemos habrá, pues, de ser utilizado obligatoria­mente por los sacerdotes en toda la Archidiócesis Compostelana, como guía pastoral en toda la ac­ción familiar y matrimonial; en particular, en cuanto se refiere al contenido, duración y méto­do del Cursillo de preparación para el matrimo­nio. Tiene carácter normativo en sus partes dis­positivas.

 

El Concilio Pastoral de Galicia decía “que se observa una deficiente formación de los jóvenes que se acercan al matrimonio”. Y “que las Diócesis gallegas deben promover Centros de pastoral familiar que: realicen una pastoral del noviazgo que responda a las interrogantes de los jóvenes; organicen en las ciudades, villas y zonas rurales cursillos prematrimoniales, que deben exigirse de modo ordinario como condición para la recepción del sacramento; orienten a los padres sobre su ta­rea de educadores cristianos; e impulsen el apos­tolado familiar mediante los movimientos matri­moniales, asociaciones de padres, etc.” (CP, 3. 36).

 

Yo confío plenamente que este Directorio ha de ser un instrumento de ayuda precioso para cuan­tos seglares, religiosos y sacerdotes trabajan hoy, o hayan de trabajar en el futuro, en este campo. El apostolado familiar “tiene una singular impor­tancia tanto para la Iglesia como para la sociedad civil” (Apost. Actuosi., 11). Y “la salvaguarda y santidad del matrimonio” es una de las tareas “más responsables y urgentes en los tiempos ac­tuales”. (Huma. Vitae, 30; Direct. Gener. Cate., 59). Santiago de Compostela, 11 de Febrero de 1981.

 

ANGEL SUQUIA

 

ARZOBISPO DE SANTIAGO

 

 

 

INTRODUCCION

 

  1. MOTIVACION DEL DIRECTORIO

 

La motivación de este Directorio proviene de una necesidad real constatada por la experiencia, tanto de los mismos matrimonios y parejas de novios, como de los sacerdotes y seglares dedicados a la pastoral matrimonial, experiencia por otra porte recogida como preocupación en una proposición operativo del Concilio Pastoral de Galicia, que dice textual­mente: «El Concilio Pastoral de Galicia, consciente de la si­tuación de cambio en el mundo actual, estima urgente la reestructuración renovadora de la pastoral matrimonial y fa­miliar en todo la Región, en la doble vertiente de una más cuidada preparación de quienes pretenden contraer matrimo­nio, y en atención a los ya casados, pero especialmente a aquellos que tienen crisis conflictiva de convivencia» (Se­rie 2; 6, 8).

 

Todo esto está indicando la necesidad de unas orienta­ciones doctrinales básicas y unas directrices pastorales dinámicas y operativas para la Comunidad Diocesana, tanto a nivel de preparación y celebración, como de vivencia cristiana del Sacramento del Matrimonio.

 

  1. ORIENTACION PASTORAL

 

Hay que hacer notar que se trata de orientaciones y directrices pastorales con todo lo que significa este matiz. No hay, pues, directrices rígidas que estarían en contradicción con la misma pastoral, sino de un acercamiento a la situa­ción real de los contrayentes y esposos, para lograr unas actuaciones más responsables.

 

Esta normativa pastoral de la Iglesia diocesana pretende encauzar la preparación, celebración y vivencia del Matrimo­nio cristiano, para que las personas implicadas sean «conse­cuentes con su propia fe, en vinculación y ojalá que también en compromiso con la comunidad eclesial».

 

  1. FINALIDAD DEL DIRECTORIO

 

En general vendría concretada por los siguientes apartodos:

 

1.0      Intentar renovar la mentalidad y actitudes, tanto de los contrayentes como de los sacerdotes, de acuer­do con la doctrina evangélico y de la Iglesia, expresada en el Concilio Vaticano 11 (GS. 46-52).

 

2.0      Responsabilizar a los organismos diocesanos correspondientes: Vicarías, Arciprestazgos, Parroquias, Movimientos especializados, Asociaciones de padres de familia, Secretariados de pastoral familiar, etc., para llevar adelante esta labor de renovación.

 

3.0      Llegar a la creación del Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar, con sus distintas secciones: preparación, celebración del Sacramento, pastoral ma­trimonial, Consejos Diocesanos de pastoral familiar, requeridos por el Concilio Pastoral de Galicia (6, 9), y particularmente aconsejados por la Conferencia Episcopal Española en el Documento «Matrimonio y Familia, hoy», que dice textualmente: «Creemos jus­tificada la creación de un Secretariado de pastoral familiar. Consideramos también de suma vitalidad, para que dicho organismo no flote en el vacío ni se reduzco a pura burocracia, la promoción de organismos similares, muy en contacto con los problemas vivos, por parte de todos las diócesis españolas» (n. 135).

 

1 EL MATRIMONIO CRISTIANO

 

  1. IMPORTANCIA DEL MATRIMONIO CRISTIANO

 

Está recalcada en el Ritual del Matrimonio con estas palabras: «Por el Sacramento del Matrimonio Dios llamo a los esposos cristianos a participar y manifestar el misterio de unión y amor fecundo de Cristo y de su Iglesia. La decisión libre y        espontánea de los esposos cristianos es respuesta en la fe a esta llamada de Dios» (Prenotandos, n. l).

 

El Matrimonio cristiano refleja, además, la comunión de Dios con el hombre, querida desde el principio y, a pesar de romperse por el pecado, manifestada a lo largo de la Histo­ria de la Salvación mediante la Alianza de Dios con su pue­blo, que llega a su plenitud con la aparición de Cristo, su Hijo, en el mundo, quién convierte esta alianza matrimonial en Sacramento. A partir de aquí, la entrega mutua de las personas en el Sacramento del Matrimonio adquiere las mis­mas características simbólicas de la entrega de Cristo, el Es­poso, a la Iglesia, su Esposa.

 

De esta manera, la unión de Cristo con la Iglesia mode­la la unión del hombre con la mujer, como expresión de amor, aún en la entrega pleno hasta el sacrificio. La realidad mismo del Cuerpo de Cristo vive y crece en el Matrimonio cristiano (CEE, Matr. y Fam. n. 43).

 

En esta entrega encuentra su fundamento la fidelidad de los esposos. Fidelidad que lleva consigo como consecuencia la unión indisoluble. Por eso la Iglesia considera la indisolubilidad del Matrimonio como un bien y un fruto esencial del Sacramento y que repercute, a su vez, en bien de los mismos cónyuges, de los hijos y de la mismo sociedad humana, «La Iglesia Católica, en su fidelidad a la doctrina de Jesús, ha defendido la indisolubilidad del Matrimonio sin ceder a razo­nes coyunturales ni a ambientes desfavorables. El modo de ser cristiano es muchas veces un choque violento con una mentalidad diversa de concebir el amor, la vida, el hombre, su destino» (CEE, id . n. 106).

 

Por eso, precisamente contra todos estos obstáculos, el Sacramento del Matrimonio, como los demás sacramentos de la Iglesia, supone la fe de los contrayentes por la misión que están llamados a desarrollar y por el misterio que rodea al mismo sacramento. «Los esposos son llamados a ofrecer al mundo el ejemplo de un incansable y generoso amor, a cons­truir la fraternidad en la caridad, y a ser testigos y coopera­dores de la fecundidad de la Santa Madre Iglesia» (Cf. Ritual, Prenot. 6; y Vat. li, SC., 59).

 

  1. SITUACION ACTUAL DE LA FAMILIA

 

Al intentar establecer unos criterios pastorales a seguir respecto al Matrimonio cristiano, es preciso tener en cuenta la situación actual de la Familia, que viene enmarcado por:

 

  1. a) La doctrina actualizada y renovada del Magisterio de la Iglesia y su visión realista sobre la familia tal como apa­rece expuesta en la Constitución «Gaudium et Spes» del Con­cilio Vaticano II (n. 47-52) y expuesta recientemente por la Conferencia Episcopal Española en el Documento sobre «Ma­trimonio y Familia, hoy» (n. 1-26).
  2. b) Los condicionamientos sociales, políticos, demográ­ficos e ideológicos, que están configurando un nuevo tipo de familia con mayor espacio para la libertad y el compromiso personal.
  3. c) Los fenómenos determinantes de los componentes de la misma sociedad familiar, esposos, padres e hijos, sobre los cuales pesan ciertas circunstancias: promoción de la mu­jer, independencia de los hijos, trabajo fuera de¡ hogar, la fuerte o débil economía, la emigración, el turismo, la plura­lidad de creencias, etc.

 

Todo esto influye, positiva o negativamente, sobre la fa­milia, llegando en muchos casos a grandes conflictos como son: la contestación del matrimonio como institución social y eclesial, el divorcio, la planificación familiar, el aborto, los re­laciones prematrimoniales, la manipulación del sexo…, que están constituyendo un reto para la misma fe de los contra­yentes cristianos (cf. CEE, Matr. y Fam., 84-85).

 

 

  1. SITUACION ACTUAL DE LA LEGISLACION

 

Es otro punto a tener en cuenta para la pastoral familiar. El Matrimonio en su forma religiosa ha sido una constante en nuestra sociedad, aún con los breves paréntesis propios de los cambios políticos, como por ejemplo el «matrimonio optativo» de la segunda república. La forma religiosa fue re­cogida en el Concordato del año 1953. El Concilio Vaticano II con su Declaración sobre la Libertad religiosa («Dignitatis Hu­manae»), provocó en España la promulgación de una ley reguladora del derecho civil a la libertad religiosa, que tuvo sus efectos en cuanto al matrimonio civil. Para casarse civilmen­te bastaba ya como prueba una declaración expresa del inte­resado de no profesar la religión católica.

 

Refrendada la Constitución Española en 1978, se estable­ce que «nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideolo­gía, religión o creencias» (art. 16,2). Esto llevó al Ministerio de Justicia a dictar la siguiente instrucción: «Los Registros deben autorizar los matrimonios civiles de las personas que lo deseen sin indagación alguno ni declaración alguno sobre las ideas religiosas de los contrayentes» (30.XII.78). Así pues, la forma de celebrar el matrimonio, canónica o civil, pasa a ser de única y exclusivo decisión interna de los que van a ca­sarse. En su conciencia seguirán las orientaciones que ella les dicte, rectamente formada y lealmente informado por los Pastores de su religión.

 

Los Convenios entre la Santo Sede y el Estado Español, derogando el Concordato de 1953, establecen que «el Esta­do reconoce efectos civiles al matrimonio celebrado según las normas del Derecho Canónico» (art. IV, conv. juríd. 1979). El desarrollo de este principio favorece a los contrayentes cató­licos, ya que no tendrán que acudir previamente al registro civil. Lo cual, lógicamente, tendrá sus repercusiones pastorales a la hora de clarificar o descubrir los móviles de los contrayentes en la petición del matrimonio religioso-canónico, móviles que han de ir de acuerdo con la fe en el Sacra­mento que van a recibir en la Iglesia, y que es signo de trascendencia para cada uno en particular, para la parejo en cuanto tal, para los hijos, y para la misma comunidad eclesial.

 

Finalmente, los Obispos españoles, después de reconocer la competencia del Estado en la ordenación civil de la institución familiar, aluden a la competencia jurídica de la Iglesia respecto al Sacramento del Matrimonio: «Dado el carácter sacramental del matrimonio celebrado entre los cristianos y la importancia que tiene para la vida de la comunidad cristia­na la vivencia plena y perfecta del mismo, la Iglesia reclama para sí su propia competencia en la ordenación jurídica de estos matrimonios. El respeto por parte de las leyes civiles para aquellos que libremente aceptan este matrimonio, se funda en el derecho mismo de la libertad religiosa» (Matr. y Famil., 108).

 

  1. SITUACIONES REALES DE LOS CONTRAYENTES

 

La consideración de las situaciones de fe de los contrayentes respecto al Matrimonio cristiano es de todo punto im­portante, ya que en torno a ellas gira preferentemente la pro­blemática pastoral del Matrimonio. En esta línea cabe destacar las siguientes:

 

  1. a) Bautizados y creyentes: Hacia los cuales debe diri­girse todo el esfuerzo pastoral de modo preferencial, tal como reconoce el Ritual: «El rito del matrimonio está concebido para los contrayentes que de verdad entienden y viven la sig­nificación y realidad de las nupcias cristianos. Solamente en un clima de fe se puede entender que los esposos cristianos son llamados a ser signo del misterio de unidad y amor fe­cundo entre Cristo y la Iglesia y a participar del mismo. Y solamente con una viva conciencia de Iglesia los contrayentes irán ante la asamblea a hacer pública manifestación de su amor para vivirlo ‘en el Señor’ y a comprometerse a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos y educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia» (Prenot. 8).
  2. b) Bautizados con fe débil y deficiente: Se trata de aquellos a quienes no les falta algún tipo de religiosidad, pe­ro cuya fe no ha sido cultivada, ni vivida comunitariamente,   sino que tienen una fe ambiental, infantil, heredada, no per­sonal, llena de ambigüedades y contradicciones. Estos, en todo caso, necesitan de una acogida sincera por parte de la Iglesia, que los preparará para despertar su fe. La ocasión del Matrimonio puede ser un momento privilegiado para esta labor.
  3. c) Bautizados descristianizados. A diferencia de los an­teriores, éstos, envueltos en una ola de secularización, no sólo están faltas de religiosidad, sino que han llegado a perder la fe o al menos no han llegado a personalizar su fe bautismal. La Iglesia en estas situaciones, llegado el momento del Matri­monio, quiere seguir manteniendo el difícil equilibrio entre el respeto a la conciencia de las personas y a la verdadera naturaleza del Sacramento. Por eso, ha de preocuparse seriamente de que la preparación y la celebración del Matrimonio no sea algo indiferenciado, como si no fuesen capaces de entender por su buena voluntad el misterio del Sacramento del Matri­monio.
  4. d) Bautizados no creyentes: Se trata, sin duda, del ca­so más conflictivo y que pone a prueba la misma actitud aco­gedora de la Iglesia, que jamás desespera de la vuelta de sus hijos. Esto mismo parece expresar el Ritual: «Si el motivo es la ignorancia de la fe o la indiferencia, es imprescindible una catequesis básica o catecumenado. Solamente en casos ex­tremos de rebeldía o alarde de falta de fe, se procurará ha­cerles comprender que el Sacramento del Matrimonio supo­ne la fe, y que sin fe no es lícito celebrarlo. Sin embargo, an­tes de tomar una decisión, recúrrase al parecer del Obispo» (Prenot., 12).
  5. e) Matrimonios mixtos: Aunque poco frecuentes en nues­tra situación actual, para los casos que puedan producirse bastará consultar la legislación especial que al respecto existe de Su Santidad Pablo VI, así como las normas prácti­cas para su aplicación de la Conferencia Episcopal Española, que pueden consultarse en el Apéndice del Ritual en la edición castellana (pp. 143-152).
  6. f) Otras situaciones particulares: Que vienen recogidas por el Ritual de manera concreta: «También deben tenerse encuenta otras situaciones de los contrayentes que requierenun trato especial, como son los matrimonios precipitados para salvaguardar la buena fama, los realizados para legalizar una situación, o los de segundas nupcias y de edad avanza­da. En la atención pastoral, en la catequesis y en la celebra­ción se han de ver reflejadas estas distintas situaciones» (Prenot., 13).

 

  1. SACRAMENTO PARA LOS HOMBRES

 

Queda por recalcar, al final de esta primera parte, y después de estas connotaciones sobre la importancia del Matri­monio cristiano y las situaciones reales que lo favorecen o dificultan, que los Sacramentos, y por tanto también el Ma­trimonio, son «propter homines». Por eso, la Iglesia diocesa­na ha de hacer todo lo posible y todo lo que esté de su parte para ayudar a los contrayentes en la madurez y profundización de su fe; valorar el significado del amor matrimonial para el mundo de hoy; paliar las dificultades que pueden presentar algunas de las situaciones reales presentadas. Dificultades que, por otra parte, pueden desaparecer si la actitud de la Iglesia es pastoralmente positiva. Para esto se requiere un gran esfuerzo por parte de toda la Comunidad Diocesana, es­pecialmente los organismos responsables, para comprender al hombre en su situación concreto y poder llegar a él para anunciarle la salvación.

 

 

2 PREPARACION AL MATRIMONIO CRISTIANO

 

  1. NECESIDAD DE ESTA PREPARACION

 

La preparación es de todo punto necesaria. En otros tiem­pos se consideraba que la preparación al matrimonio estaba suficientemente garantizada por el ambiente, el origen cris­tiano de la familia, la educación y la catequesis recibidas. Apenas se dudaba de que todo bautizado era un creyente efectivo.

 

Hoy, en cambio, y ante las situaciones señalados más arriba, la Iglesia, respetando siempre aquellos casos especia­les de una esmerada preparación ambiental, cultural y religio­sa, considera que las condiciones reales en que muchos no­vios llegan al matrimonio no son suficientes, y, por lo tanto, se requiere una adecuada preparación.

 

  1. EN QUE CONSISTE ESTA PREPARACION?  

 

Fundamentalmente consiste en: acoger a los novios y ayudarles a buscar en la sinceridad y el diálogo el camino a seguir; descubrirles los valores humanos y trascendentales del amor, de manera que sea estable, permanente, indisolu­ble no sólo como «proyecto de vida» sino también «de por vida»; despertar, alimentar y madurar su fe; hacer lo posible para que se muevan dentro de una opción libre, consciente y sincera, ponerles en contacto con otras personas para com­partir otras experiencias con encuentros a nivel personal y comunitario; ayudar a comprender y a vivir el rito de la celebración sacramental.

 

En general, se trata de una catequesis prematrimonial según las distintas situaciones personales de los contrayen­tes y según los distintos niveles en que se quiera insistir:

  • – Una catequesis básica sobre las verdades religiosas fundamentales.
  • – Una catequesis o curso prematrimonial sobre aspec­tos teológicos y morales del Matrimonio.
  • – Una catequesis litúrgico sobre el Ritual del Sacra­mento del Matrimonio.

 

De ahí, los momentos o etapas de esta preparación que se señalan a continuación.

 

  1. PREPARACION REMOTA

 

En realidad esta preparación remota viene a ser como un servicio ininterrumpido de todo la Comunidad Diocesana, que va desde los primeros pasos o enseñanzas de E.G.B. has­ta la responsabilidad de una pastoral de conjunto diocesana en orden a esta preparación. Por eso, cabe señalar los me­dios y los temas adecuados a esta preparación remota.

 

1.0      Entre los medios cabe destacar:

 

  1. a) La inclusión y explicación adecuada del tema «Ma­trimonio» en los programas o planes de religión para adolescentes y jóvenes, en: E.G.B.; B.U.P.; F.P., 1-11; C.0.U.; Universidad.
  2. b) El tratamiento del tema «Matrimonio» en el progra­ma de las catequesis, infantil y de adultos; grupos de educación en la fe; comunidades de base; Cate­cumenados y catequesis especiales con motivo de la recepción del Sacramento de la Confirmación.
  3. c) El tema «Matrimonio» debe entrar también en la pre­dicación, homilía dominical o según las circunstan­cias, a tenor de las ideas centrales que ofrece la Pa­labra de Dios y las necesidades de la Asamblea.
  4. d) En el contexto de la educación integral es de todo punto necesario incluir e integrar la recta y adecua­da educación sexual deseada y mandada por el Sí­nodo de Obispos en Roma sobre la misión del ma­trimonio y la familia en el mundo actual.
  5. e) Los Secretariados y Delegaciones diocesanas competentes se encargarán de elaborar el plan de pastoral¡ matrimonial de preparación remota y las apli­caciones necesarias según las etapas de formación.

 

Entre los temas generales en que se deberá insistir se señalan los siguientes:

 

  • – El hombre y la mujer, imágenes de Dios.
  • – La pareja humana, hombre y mujer, colaboradores de la Creación
  • – La sexualidad, dimensión humana querida por Dios.
  • – Importancia de la dimensión: cuerpo-espíritu, para el hombre.
  • – Expresiones del amor humano: sexual, erótico, per­sonal.
  • – Matrimonio: realización del amor.
  • – El pecado: impedimento a la realización del amor.
  • – El Matrimonio Sacramento: experiencia de la Gracia, nueva dimensión del amor a la luz de la entrega de Cristo.
  • – Dimensiones del Matrimonio cristiano: personal, cristológica y sacramental.
  • – Matrimonio y fe bautismal, responsabilizado en la Confirmación.
  • – Matrimonio y libertad religiosa.
  • – Matrimonio y Virginidad.
  • – Matrimonio e Iglesia.

 

 

  1. PREPARACION PROXIMA

 

La preparación próxima al Matrimonio comienzo cuando la pareja se decide a acercarse a la parroquia para «casarse por la Iglesia». Es de gran importancia este primer encuen­tro, que debe realizarse principalmente con el Párroco o sacerdote encargado, más tarde con algún catequista o matrimo­nio encargado de la pastoral matrimonial. Encuentro que ha de ser lo más personal y sincero posible. No hay que limitar este encuentro a un simple ‘rellenar el expediente matrimo­nial’.

 

De este primer encuentro va a depender, tal vez, el modo futuro de actuación de los novios. Si el párroco y el equipo responsable saben dialogar sencillamente sobre la vida, las razones que les mueven a pedir el Matrimonio por la Iglesia, las actitudes de fe, la importancia que dan a este aconteci­miento, la situación personal y las posibilidades de alguna preparación durante un período a determinar en diálogo, la auténtica preparación ha comenzado.

 

He aquí las fases de esta preparación próxima:

 

1ª Preparación a nivel antropológico: Se supone que los aspectos de esta preparación se tratarán cuando nadie lo haya hecho antes y en plan de suplencia, y por per­sonas especializadas. Entre los aspectos antropológicos cabe reseñar:

  • – La antropología sexual
  • – La sicología del amor personal
  • – El amor y las relaciones interpersonales
  • – La convivencia conyugal
  • – Los procesos de la fecundidad y los cuidados de la maternidad
  • – Los aspectos jurídicos del Matrimonio.

(cf. Ritual, Prenot. 28-29).

 

2.a      Preparación a nivel de la fe: Es uno de los matices más importantes y que habrá de resaltarse en el primer en­cuentro, catalizando la postura a nivel de fe de los no­vios. El Ritual hace hincapié en ello: «Casarse por la Iglesia o en el Señor es una auténtica confesión de fe ante la comunidad cristiana reunida, que exige de los novios una madurez en la misma fe y que necesita una adecuada catequesis». «Al apreciar las diversos situa­ciones de fe, no se trata de valorar la moralidad o la bondad de una persona, ni siquiera la práctica externa de los actos religiosos, sino si sus convicciones cristia­nas se manifiestan más o menos claramente en un com­portamiento individual y social consecuente» (Prent. 22.11).

 

Entre los temas a nivel de fe, cabría destacar:

 

  • – Análisis de las actitudes de fe de la pareja.
  • – Opción bautismal, actualizada en la Confirmación, y valorada de nuevo ante el Matrimonio.
  • – Fe personal y fe eclesial.
  • – La Iglesia como comunidad de Salvación y acogida.

 

3.a      Preparación a nivel de catequesis: De la actitud manifes­tada por los novios va a depender la necesidad de la preparación catequética para el Sacramento del Matri­monio. Lo cual deberá hacerse en conformidad con los criterios de actuación pastoral propios de la Diócesis, Vicarías, Arciprestazgos, Parroquias, que resulten de la aplicación de este Directorio. Para esta preparación catequética es indispensable contar con ciertos medios, como son los Cursillos prematrimoniales, las personas responsables que los llevarán adelante, los secretaria­dos, movimientos familiares, etc., que los impulsen y promuevan. De lo que se trata, en definitiva, es de caer en la cuenta sobre la necesidad de la acogida y evange­lización hacia las parejas por parte de la comunidad eclesial.

 

Los aspectos o temas que se han de abordar podrán ser:

 

  • – Derecho fundamental de la persona humana a contraer matrimonio
  • – Defensa de este derecho por parte de la Sociedad, civil y eclesial
  • – Acceso al sacramento del matrimonio por parte de aquellos contrayentes que quieren dar una dimensión eclesial a su vida (cf. CEE, Matr. Fam., 108)
  • – El Matrimonio en la perspectiva de la Historia de la Salvación
  • – Cristo, fundamento y sentido de la vida conyugal
  • – Matrimonio en la perspectiva: Cristo-Iglesia
  • – Matrimonio: indisoluble y fecundo
  • – El Matrimonio y la familia: «Iglesia doméstica»
  • – El Matrimonio Sacramento (cf. CEE, Matr. Fam., 105.108).

 

4.a      Preparación a nivel de moral matrimonial: que se ha de ver, fundamentalmente, en la perspectiva de la responsabilidad personal y comunitaria en el doble plano humano y cristiano, y no como cosas distintas, sino como algo complementario e integrante, En esta línea conven­drá destacar los siguientes aspectos:

  • – Responsabilidad, derechos y deberes de los contrayentes ante:
    • o ellos mismos
    • o la propia familia
    • o los hijos
    • o la comunidad
  • – El pecado en el Matrimonio
  • – La continencia periódica
  • – La paternidad responsable, para la cual se requiere, no sólo una información médica y moral de los medios naturales válidos, sino unos criterios comunes al respecto por parte de los sacerdotes para ser fieles a la verdad sin irse a extremismos mentales o pastorales.
  • – Actitud ante posibles dificultades: falta de amor, separación, infidelidades.

 

  1. PREPARACION INMEDIATA

 

La preparación inmediata antecede a la celebración del Sacramento del Matrimonio.

 

Ahora bien, la preparación inmediata no debe ser con­cebida como una acción individual o particular entre los no­vios y el sacerdote, sino como una tarea que incumbe a todo la comunidad cristiana que, según sus distintos niveles y grados de participación, ha de intervenir para incorporar ple­no y responsablemente a sus miembros en el misterio del amor de Cristo y la Iglesia y en la misma vida comunitaria. Por eso, cuando el matrimonio de los bautizados se realiza con fe y participación comunitaria, es como un nuevo naci­miento en Cristo, como una nueva entrada en la Iglesia.

 

Esta preparación inmediata irá íntimamente ligada a la espiritualidad matrimonial.

Se tratará, en efecto, de:

  • – Descubrir el proyecto de vida y por vida como una relación interpersonal.
  • – Llegar a una opción más personal, libre y responsable.
  • – Crear vínculos comunitarios y eclesiales, que vayan más allá del momento de la celebración.

 

Preparar una digna celebración del Matrimonio, me­diante:

 

  • – Estudio de la liturgia matrimonial,
  • – Oración y reflexión en común.
  • – Alguna jornada de Retiro Espiritual.
  • – Algún Cursillo intensivo sobre la vivencia litúrgica del Matrimonio.
  • – Ejercicios Espirituales con la misma finalidad.
  • – Celebración de la Penitencia o Confesión.

 

Es importante hacer notar aquí que, para lograr todo esto, es necesario un ordenamiento jurídico serio. No se trata de quitar espontaneidad al amor o poner un freno a la liber­tad. Todo lo contrario. De lo que se trata es de dar consis­tencia al amor, que por tener dimensión social y comunitaria tiene que expresarse de forma institucional y jurídica. Ahora bien, también es verdad que hay que integrar la dimensión jurídica en la dimensión pastoral, comprendiendo que la vida conyugal y familiar no es un asunto meramente privado, sino que tiene repercusiones comunitarias y que engendra debe­res y responsabilidades graves de los esposos entre sí, para con los hijos y para con la sociedad.

 

La excesiva preocupación por lo jurídico, reducido al llamado «papeleo» o a las obligaciones administrativas, puede hacer perder de vista aspectos más fundamentales del ma­trimonio, pero también su descuido o abandono puede traer consecuencias irreparables para los mismos cónyuges (cf. CEE., Matr. Fam., 86-89).

 

3 CELEBRACION DEL MATRIMONIO CRISTIANO

 

  1. MATRIMONIO, PENITENCIA Y EUCARISTIA

 

La Eucaristía debe ser el marco ideal y normal de la celebración del sacramento del Matrimonio. En ella, como «banquete de las nupcias», el Matrimonio manifiesta todo su sentido más pleno.

 

Celebrar el Matrimonio en el marco de la Eucaristía sig­nifica «una inserción más plena en el Misterio Pascual, ya que los esposos deben vivir unidos con el mismo cariño, modo de pensar idéntico y mutua santidad, para que habiendo seguido a Cristo, principio de vida, en los gozos y sacrificios de su vocación, sean testigos suyos del misterio de amor que el Señor con su Muerte y Resurrección reveló al mun­do» (Ritual, Prenot. 7).

 

Esta celebración plena valora positivamente a todos aquellos que viviendo en clima de fe, madura y responsable, como bautizados creyentes, se han ido preparando para este en­cuentro sacramento.

 

Dentro de esta preparación, y dada la naturaleza del marco en que debe celebrarse el Sacramento del Matrimonio, adquiere singular relieve el Sacramento de la Penitencia. En él, los contrayentes se reconcilian con Dios y con la Iglesia capacitándose para ser auténtica expresión del amor de en­trego de Jesús que se ofreció a sí mismo como víctima de expiación por los pecados de todos.

 

El Sacerdote en todas estas celebraciones sacramenta­les aparece como ministro de la reconciliación, testigo de la Iglesia e intermediario entre Dios y los esposos, necesitados de gracias abundantes para emprender la tarea de recons­truir la familia humana, de la cual ellos mismos comienzan a ser germen y fermento.

 

  1. CELEBRACION DEL SACRAMENTO

 

Deberá celebrarse conforme a los ritos determinados y que figuran en el Ritual del Matrimonio. Estos ritos, funda­mentalmente, son:

 

  1. a) Recibimiento y acogida de los cónyuges
  2. b) Liturgia de la Palabra con homilía, que nunca deberá omitirse
  3. c) Celebración del Sacramento:
    • Ø Consentimiento mutuo de los esposos, que el Sacerdote asistente requiere y recibe
    • Ø La venerable plegaria por los esposos (Bendición nupcial), invocando la bendición y la pro­tección de Dios
    • Ø La Comunión eucarística a) Despedida.

 

En conformidad con estos ritos hay que procurar que cada uno ocupe su puesto en la celebración del Matrimonio:

 

El Celebrante, fiel a su misión eclesial, ha de ser el res­ponsable de la preparación, del clima adecuado para la celebración, las moniciones, los saludos, lecturas escogidas, y de modo especial la homilía, de manera que logre una participación perfecta de los contrayentes y de toda la comunidad presente. Su momento cumbre lo tiene en la Bendición nup­cial. Así pues, de su comportamiento y buen hacer depen­derá, en gran parte, la altura y dignidad de la Celebración.

 

Los Contrayentes, cuya preparación y dinámica va enca­minada al momento cumbre de la celebración: el consenti­miento mutuo. Todo lo que rodea esta acción central, oraciones, liturgia de la Palabra, gestos como la unión de ma­nos, la entrega de los anillos y las carros, etc., sirve para real­zar y expresar la importancia del consentimiento mutuo, cuya relación con el misterio de Cristo y de la Iglesia, para el cris­tiano, se expresa de modo singular en la «Acción de Gracias», Eucaristía, verdaderamente sentida y participada.

 

La Comunidad, como en todo Sacramento, tiene un papel primordial. No sólo en la participación con cantos, oraciones y aclamaciones, sino en todo la acción litúrgico, ya que su presencia manifiesta plenamente que se trata de una cele­bración de la Iglesia. Esto hace suponer una comunidad, que ordinariamente coincide con la parroquial, abierta, acogedo­ra y evangelizadora. Ni puede limitarse a una simple acogida burocrática, ni a ser espectadora pasiva o ausente ante un acontecimiento que va a tener hondas repercusiones dentro de la misma comunidad cristiana.

 

  1. TIEMPO Y LUGAR DE LA CELEBRACION

 

En todo tiempo litúrgico pueden celebrarse las nupcias cristianas, excepto el Triduo Pascual. Es deseable, al menos alguna vez, que se celebre el Sacramento del Matrimonio en domingo u otra solemnidad, en presencia de la comunidad parroquial. En cuanto a la fecha de la celebración habrá que atender a la necesidad pastoral, conforme al grado de preparación de los contrayentes y a lo que se establezca en este Directorio (Ritual, Prenot. 63~64).

El lugar propio de la Celebración del Sacramento del Ma­trimonio es normalmente la parroquia, bien aquélla donde tienen su domicilio los futuros esposos, bien aquella otra en la que habrán de fijar su residencia. En cuanto a los demás lugares, ha de obrarse siempre con prudencia pastoral:

 

– Respetar la decisión de los fieles que, vinculados a una comunidad concreta, eligen celebrar su matrimonio en esa misma comunidad por motivos de in­tegración.

– Por el contrario, es conveniente disuadir la celebra­ción del Sacramento del Matrimonio en lugares es­peciales por razones de vana ostentación, índole económica u otras causas injustificables (Ritual, Prenot. 67.68)

 

4 FAMILIAR PASTORAL

 

17 OBJETIVOS DE LA PASTORAL FAMILIAR

 

Preferentemente en este cuarto apartado se intenta abarcar todo lo referente a la vida de los esposos cristianos, unidos ya en Matrimonio. Sin embargo, cabría señalar como un pre-objetivo general de la Pastoral Familiar todo lo que se ha dicho sobre la preparación y celebración de¡ Matrimonio cristiano, ya que de esto dependerá la aceptación o no de los objetivos que siguen:

 

1º        Y como consecuencia de la misma preparación y celebración, será continuar con una formación sólida, una formación permanente, de los esposos cristianos.

 

2.º       Lograr una verdadera Espiritualidad matrimonial, que mantenga vivo, no sólo el sentimiento del amor, sino también el sentido de la responsabilidad cristiano en el mundo.

 

3.º       Atender Y aconsejar a las familias en dificultades, de manera que encuentren, tanto en los esposos cristianos, como en la comunidad eclesial con sus organismos correspondientes, un clima de benévola y caritativa acogida.

 

  1. LA FORMACION PERMANENTE DE LOS ESPOSOS

 

Para lograr una formación permanente de los esposos cristianos, es necesario:

  1. a) Fomentar todo tipo de catequesis matrimoniales y familiares, donde se aborden cuestiones relativas a la familia misma y al matrimonio, tales como:
  • Ø Doctrina actual de la Iglesia sobre el Matrimonio. (Vaticano II).
  • Ø El Matrimonio y la Familia en el contexto actual de la Sociedad: significado, cambios, crisis.
  • Ø Los problemas Planteados en la convivencia matrimonial: relaciones conyugales, trabajo fuera de casa,
  • Ø Las relaciones padres e hijos. Problemática y so­luciones.
  • Ø Misión educativo de la Familia. Responsabilida­des.
  • Ø La Familia: centro de interferencias personales y sociales.
  • Ø La «Paternidad responsable».
  • Ø El problema de la planificación familiar.
  1. b) Promover los Movimientos apostólicos familiares, no sólo porque los esposos están llamados al apostola­do, sino también para que en ellos sepan comuni­carse las alegrías e inquietudes, respecto a la viven­cia en el seno de la familia, a tomar conciencia de la responsabilidad ante los atentados a la autonomía familiar, a la intimidad conyugal, a los derechos familiares respecto a la educación de los hijos, a la dignidad del Matrimonio cristiano ante la legislación civil.
  2. c) Estimular la celebración de Semanas de la Familia Cristiana, donde se aborden los temas señalados, aprovechando la celebración anual de la fiesta de la Sagrada Familia, en el clima navideño. (cf. CEE, Matr. y Fam., 122-127).

 

  1. LA ESPIRITUALIDAD MATRIMONIAL

 

La espiritualidad matrimonial Y familiar, conforme a los criterios del Concilio Vaticano II, debe tender a que los es­posos sean para sí mismos, para sus hijos y familiares, ver­daderos cooperadores de la Gracia y testigos de la fe. Todo esto se manifestará en la educación que sepan transmitir, con la palabra y el ejemplo de vida cristiana y apostólica, demos­trando con su vida la santidad e indisolubilidad del vínculo matrimonial (cf, AA. 11). Ahora bien, la espiritualidad matri­monial se manifestará por los siguientes medios:

 

  1. d) Renovando constantemente el sacramento del Matrimonio, aprovechando las ocasiones que la Misma Liturgia ofrece a este fin:
    • – La señalada fiesta de la Familia Cristiana.
    • – El aniversario de boda, entre los que ocupan un lugar especial las llamadas «bodas jubilares», enriquecidas en el Misal Romano con formula­rios litúrgicos para la celebración de la Eucaris­tía en estas ocasiones.
    • – La asistencia a otra liturgia o celebración matrimonial.
    • – La Vigilia Pascual y la renovación de las prome­sas bautismales.
    • – La celebración del Bautismo, Primera Comunión y Confirmación.
  2. e) Haciendo progresar y madurar el amor conyugal viéndolo a la luz del misterio del amor de Cristo a la Iglesia, para manifestar la presencia viva del Salvador en el mundo y para encontrar apoyo en medio de las dificultades que se oponen al mismo amor.
  3. f) Responsabilizando a los cónyuges ante la transmi­sión de la vida, de manera que se sientan coopera­dores con el amor creador y salvador del mismo Dios, siendo testigos generosos de esta cooperación ante un mundo que, a veces, se deja vencer fácil­mente por el egoísmo.
  4. g) Responsabilizando a los cónyuges ante la educación de los hijos, así se sentirán, como iglesia doméstica, los primeros predicadores de la fe, mediante la pala­bra y el ejemplo. Para esto será importante la bús­queda de medios de formación, profundizando en el mensaje cristiano que han de transmitir.
  5. h) Abrirse al logro de una familia humano y cristiana más amplia, donde se respete a las personas, su vocación y su libertad, donde todos participen en el clima de responsabilidad comunitaria, donde se sir­va de verdad a la comunidad, y ésta, a su vez, viva del desarrollo y madurez de los individuos que la componen, donde se viva, en definitiva, el verdadero amor que no reconoce fronteras.
  6. i) Logrando que la familia cristiana sea signo de apertura, acogida y generosidad, sobre todo para con los más pobres: parados, huérfanos, minusválidos, etcétera.
  7. j) Cuidando todos los momentos importantes que re­quieren una disposición para orar en común, bien como acción de gracias ante un feliz acontecimiento familiar, bien como súplica ante algún infortunio, bien, finalmente, como necesidcid de orar en común: bendición de la mesa, bendición de la casa, Rosario en familia, etc.

 

  • 20 ATENCION A LAS FAMILIAS EN DIFICULTADES

 

Los movimientos de familias cristianas, además de todas las aportaciones que puedan hacer al logro de una pastoral familiar y matrimonial verdadera, es importante que no des­cuiden las siguientes situaciones:

 

  1. a) Familias en conflicto, provocado por situaciones eco­nómicas precarias, como por ejemplo las que señala el mismo Concilio Pastoral de Galicia: familias de obreros, campesinos, emigrantes, desterrados, mari­nos, matrimonios sin hijos, matrimonios mixtos, ma­trimonios jóvenes (cf. 6,8.9.10; CEE., Matr. Fam.,n. 129).
  2. b) Familias abandonadas, bien por enfermedades crónicas, problemas de soledad y ancianidad, con hijos deficientes o subnormales, etc. La pastoral familiar, inspirada en actitudes evangélicas, no puede desen­tenderse de estas situaciones.
  3. c) Familias rotas o separadas, en primer lugar aquellos matrimonios que en medio de la dificultad aún bus­can solución; aquéllos que. ya no ven otra salida que los tribunales; los que ya ven imposible todo intento de recuperación y proyectan efectos dañinos sobre toda la familia; todas aquellas personas que, con culpa o sin ella, se encuentran ante la realidad de una separación, divorcio, adulterio, infidelidad.

 

La Pastoral familiar no puede olvidarse de estas situaciones y deberá buscar las soluciones adecuadas a cada caso particular, bien por medio de los Consejos Diocesanos, por medio de Consultorios u otra forma cualquiera, para lograr un conocimiento real de estas situaciones, fomentando un espíritu cristiano de comprensión y solidaridad, a fin de encontrar ¡untos cauces que puedan ayudar a resolver o a paliar al menos tales situaciones difíciles ( cf. CEE., Matr., Fam., 128.129; CPG., 6,17).

 

 

5 . ORIENTACIONES DIOCESANAS PARA LA PASTORAL FAMILIAR

 

21.CREACION DEL SECRETARIADO DIOCESANO DE PASTORAL FAMILIAR

 

Para llevar adelante los ideales expuestos en este Directorio Diocesano de Pastoral Familiar, y al objeto de poder completarlo en su normativa concreta, con la ayuda de la pastoral de conjunto, se establece la creación del Secreta­riado Diocesano de Pastoral Familiar, con los siguientes co­metidos:

  1. a) Exponer claramente y a todos los niveles: diocesano, vicarial, arciprestal y parroquial, la doctrina de la Iglesia sobre el Matrimonio y la Familia, sus cons­tantes tradicionales y su renovación a la luz de las nuevas aportaciones de la Teología, la Sagrada Es­critura y las Ciencias positivas.
  2. b) Cuidar la preparación al Matrimonio cristiano, elabo­rando un plan de formación matrimonio¡ para apli ­cor ci la pastoral diocesana de conjunto y que tenga en cuenta las fases o etapas de preparación expuestas a lo largo de este Directorio: remota, próxi­ma e inmediata.
  3. c) Atender a las situaciones concretas en el campo de la fe de los contrayentes, que pueden presentarse con motivo de la celebración del Sacramento del Matrimonio, y ofrecer posibles soluciones, adaptadas a la fe de cada uno de los contrayentes o a la pa­reja en sí.
  4. d) Dar los pasos necesarios para lograr una auténtica pastoral familiar y poder aplicarla a los cristianos casados, especialmente aquellos más necesitados humana y cristianamente.
  5. e) Llegar a la institución de Subsecretariados a nivel de Vicaría, y de equipos de atención y formación matrimonial a nivel de parroquias y arcíprestazgos, con los mismos objetivos del Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar (cf. CPG., 6,8-6,12).

 

  1. NORMAS GENERALES SOBRE LA PREPARACION Y CELEBRACION DEL MATRIMONIO

 

Para concretar los criterios Pastorciles expuestos en este mismo Directorio, se establecen las siguientes normas Pastorales:

 

1ª Tener en cuenta las situaciones de los contrayentes que se acercan a la Iglesia para contraer Matrimo­nio, sin pretender la aplicación de un mismo patrón o esquema a todos los novios o parejas, ya que pueden ser distintas las situaciones en que se en­cuentran.

 

2ª Habrá que valorar positivamente a los contrayentes bautizados y creyentes, que viven en un clima de fe madura y responsable y así desean vivirla en su nue­vo estado matrimonial. Su preparación remota a to­dos los niveles justificará el paso a una preparación inmediata que podría consistir en una oración común (e.gr. Retiro Espiritual, Tiempo de reflexión, Ejerci­cios Esprituales, etc.), o una catequesis litúrgico­sacramental.

 

3ª En la situación actual, ha de insistiese en la necesidad de los Cursillos Prematrimoniales, tal como se encuentran en este mismo Directorio al hablar de la preparación próxima al Matrimonio. Estos serán co­mo el baremo de la preparación mínima de los con­trayentes, de manera que puedan recibir el Sacra­mento del Matrimonio en la Iglesia. Los Obispos es­pañoles señalan a este respecto: «Significaría un gran avance pastoral el que se introdujese progresi­vamente la práctica de verdaderas catequesis pre­matrimoniales o la participación de los novios en grupos catecumenales, como ocurre en la prepara­ción para otros sacramentos» (CEE., Matr. Fam. 120).

 

4ª Se encomienda a la prudencia pastoral del párroco o su representante la solución de las situaciones particulares de los contrayentes que buscan un ma­trimonio precipitado, bien para salvar la buena fama o legalizar una situación, bien para otras dificultades como en el caso de segundas nupcias o edad avan­zcída (cf. Ritual, Prenot. 13). En los casos extremos, por ejemplo, contrayentes descristianizados que acu­san rebeldía o alardean de falta de fe, hay que ha­cerles comprender que no es lícito celebrar el Sacra­mento del Matrimonio sin fe. Sin embargo, consúltese siempre al Ordinario (cf. Ritual, Prenot. 12).

En todos estos casos, ha de procurarse una acogida especial que prepare el clima para una posterior pro­fundización en la llamada formación permanente del Matrimonio.

 

5ª La celebración del Sacramento del Matrimonio ha de regularse del modo siguiente:

 

En el marco de la Eucaristía, para todos aquellos contrayentes con fe madura y responsable, y aquellos otros que, aún sin esta madurez en la fe, buscan profundizar en la misma mediante una preparación adecuada.

 

Recalcar la necesidad de prepararse para Ia ce­lebración matrimonial mediante el Sacramento de la Penitencia que ofrece una ocasión propicia para la reconciliación con Dios y los hermanos, cuyo culmen es la Eucaristía, marco del Sacra­mento del Matrimonio.

 

Habitualmente en el marco de la Liturgia de la Palabra, para todos los que contraen matrimonio con persona de distinta religión, para los que se encuentran en alguna situación personal o aleja­miento de la vida sacramental, sin descartar la fe en el Sacramento. Los pastores han de tratar con cuidado estas personas al objeto de ayudar­les.

 

  1. CURSILLOS PREMATRIMONIALES

 

Supuestos las anteriores normas pastorales, que tendrán

validez a nivel parroquial y arciprestal, es necesario partir de:

 

1º La  necesidad de los Cursillos:

 

  1. a) Por lo que significan de paso previo y necesario al Matrimonio en la situación actual de nuestros fieles.
  2. b) Porque los contrayentes deben insertarse en la Comunidad. El hecho de convivir, dialogar, com­partir una misma fe, una misma esperanza y un mismo amor en el seno de la Comunidad, lleva a los contrayentes a sentirse cada vez más Igle­sia.
  3. c) Por lo que significa en la pastoral de conjunto la existencia de una normativa común, ya que las excepciones nunca deberán ser la regla ordinaria.

 

2º La responsabilidad de los Cursillos:

 

Recaerá de una manera compartida sobre el Secre­tariado Diocesano de Pastoral Familiar y los demás estamentos de la pastoral diocesana (parroquial, arciprestal).

 

El Secretariado elaborará el material adecuado para los mismos, teniendo en cuenta las exigencias de las diversas preparaciones, y lo enviará a las Vicarías, para que éstas lo distribuyan a los arciprestazgos y éstos a las parroquias, para una labor de conjunto eficaz.

 

3º Desarrollo del Cursillo:

 

El desarrollo del Cursillo Prematrimonial podría ajus­tarse a este posible esquema:

 

  • – Petición de la pareja. Con una antelación de al menos dos meses.
  • – Indicación de los pasos a dar.
  • – Asignación del Sacerdote que, además del catequista o matrimonio encargado, irá siguiendo el proceso de preparación de la pareja.
  • – Invitación a participar en la Primera Parte del Cursillo, sobre «Aspectos antropológicos y sicológicos del Matrimonio», en caso de que no hayan participado de otro modo.
  • – Entrevista con el Sacerdote, al objeto de clarificar Ia postura de la pareja respecto de la fe.
  • – Cumplimiento del Expediente y, además, entrega de un cuestionario a rellenar y una Declaración de intenciones».
  • – Invitación a participar en la Segunda Parte del Cursillo sobre «Aspectos cristianos del Matrimo­nio, a nivel de fe, de catequesis y moral matrimonial».
  • – Ultima entrevista con el Sacerdote.
  • – Tiempo de preparcición inmediata, para lograr que la pareja se introduzca en la Comunidad cristia­na. Esta preparación constará, según los casos, de: reflexión en común, actos de oración (Reti­ros … ), celebración del Sacramento de la Peni­tencia, estudio sobre la liturgia del Ritual del Ma­trimonio.
  • – Celebración gozosa del Sacramento del Matri­monio.

 

 

4º . Material a emplear:

 

Es importante la preparación del material: cuestio­nario a realizar, «Declaración de intención», material didáctico y litúrgico. Trabaio que debe realizar el Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar, con­tando con las aportaciones de la base para que el mciterial sea lo más concreto posible.

 

5º. Organización del Cursillo:

 

Igualmente es necesario que cada Cursillo Prematrimonial cuente con algún tipo de organización, tal como:

 

  • – El Equipo responsable, que acoge a los cursillis­tas y los orienta en orden al mismo cursillo.
  • – El lugar que ordinariamente debe estar situado en la parroquia, pero también por razones de efi­cacia lo puede estar en alguna zona determinada, comarcal o arciprestal.
  • – El Profesorado, que, según las especialidades y competencias, abordarán los temas antropológicos,sicológicos, catequéticos, teológicos, jurídicos, litúrgicos y pastorales del
  • – La duración, que podrá ir desde la semana de preparación intensiva, hasta los dos o tres meses con reuniones espaciadas a fin de lograr una integración más profunda en la Comunidad y una mayor responsabilidad ante Ia Sociedad.

 

Es misión del Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar promover, supervisar y coordinar todo lo referente a la organización y desarrollo del Cursillo Prematrimonial.

 

  1. NORMAS GENERALES DE PASTORAL FAMILIAR

 

Aunque aquí preferentemente se quiere tratar de la preparación al Matrimonio, de ahí toda la concreción que se acaba de señalar para ello, sin embargo, parece necesario apuntar a las grandes líneas por dónde se ha de desarrollar la Pastoral de los esposos cristianos:

 

1ª Encomendar al Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar la puesta en marcha de la Formación per­manente de los esposos cristianos, así como la creación del clima necesario para una espiritualidad matrimonial acorde con la situación actual de la fa­milla.

 

2ª Dar los pasos necesarios para que la misma Dele­gación Diocesana de Pastoral Familiar se cuide de la creación de los llamados «Consejos Pastorales» o «Consultorios» al objeto de atender y orientar a los matrimonios y familias en situaciones conflictivas.

 

 

C 0 N C L U S I 0 N

 

Las normas expuestas y orientaciones de este Directo­rio deben ser interpretadas con un verdadero espíritu de ca­ridad y comprensión. Se trata de ayudar, no de imponer, pero también de rechazar toda actitud de indiferencia o indiscri­minación.

 

La Iglesia desea acoger a todos, sea cual sea su situa­ción de fe. Pero atendiendo a la verdad del Sacramento y a la fidelidad de su misión, cree deber suyo el poner los medios que puedan servir para clarificar su propia vida y la de los demás miembros bautizados.

 

Santiago, de Compostela, 1981