Propuesta de aportación desde la Pastoral Familiar a los tres objetivos básicos del plan diocesano para el trienio 2000-2003 “Peregrinos de la Fe en el nuevo milenio”.

 

  • La transmisión del don de la fe

 

La carta pastoral “Peregrinos de la fe en el nuevo milenio” nos habla con entusiasmo de celebrar la fe. Observando la realidad vemos que hay un buen número de creyentes que verdaderamente viven su fe con alegría y la celebran en los sacramentos, pero es preocupante que los que en un momento creyeron y ya no creen o viven en la inercia de una religiosidad sociológica, están cambiando la celebración de los sacramentos por la celebración con motivo de los sacramentos.

 

Por ello creemos que se debe insistir en la preparación catequética de todos los sacramentos y principalmente en los de la iniciación cristiana y en el del matrimonio.

 

Es cierto que no se pueden negar los sacramentos a nadie que los solicite de modo oportuno, estén bien dispuestos y nos les esté prohibido por el derecho el recibirlos, pero los pastores y los demás fieles tienen obligación de procurar que quienes piden los sacramentos se preparen con la debida evangelización y formación catequética.

 

El Sr. Arzobispo nos habla en la carta pastoral de la distinción entre evangelización y proselitismo (Nº 20, transmitir el don de la fe) y nos advierte de que si no se descubre y se vive la alegría de la fe, se está más cerca del proselitismo que de la evangelización, ante esto cabe preguntarse si cuando se administran los sacramentos sin la debida preparación, ¿no estaremos haciendo proselitismo en vez de estar evangelizando?

 

  • La pastoral vocacional:

 

Viviendo en el mundo, nos damos cuenta de la verdad contenida en la afirmación de la carta pastoral: “demasiados ruidos impiden oir su voz”. Son muchos los agentes externos a la Iglesia, a la familia, a los centros escolares, que están influyendo de forma poderosa en suscitar un estilo de vida que difícilmente puede ser compatible con la austeridad que requiere la vocación sacerdotal.

 

Hoy es muy frecuente que los jóvenes critiquen a los sacerdotes y su estilo de vida sin conocimiento de causa y basándose en tópicos. Pero resulta que los que están cercanos a ellos y conocen bien su vida, puede que hablen bien de ellos y que los admiren, pero no se sienten llamados a imitarlos.

 

Creemos que nuestra aportación a este tema debe ser seguir trabajando en uno de los objetivos prioritarios de la pastoral familiar, fomentar familias preocupadas por realizar el “Reino de Dios” en el mundo. Hemos iniciado algún encuentro convivencia de matrimonios y seguiremos en esta línea de actuación.

 

  • La responsabilidad pastoral de los laicos

 

Desde la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar tratamos de incorporar matrimonios como catequistas de novios. Nuestra insistencia está en que no sean profesionales de determinados campos (médicos, psicólogos o abogados, por citar tres ejemplos,) los que preparen a los novios para el matrimonio, sino que sean matrimonios creyentes que estén ilusionados por la vida matrimonial y a partir de ahí si tienen una preparación profesional adecuada mejor. Es una labor lenta pero vemos cómo cada año se incorporan una o dos parejas de recién casados al grupo de catequistas de novios.