Estamos aquí, Señor, en familia,

en torno a ti

que nos has convocado,

como siempre, a vivir en ti.

Si tu no eres presencia,

todo se quedará en nada,

todo sería como

querer detener el agua

entre las manos.

Danos la fuerza del Espíritu,

el gozo de la amistad,

la alegría desbordante

de sabernos hermanos,

hijos de un mismo Padre,

familia de Dios.

Si tú no vienes

y acudes enseguida,

todo quedará en palabras,

en proyectos,

en ideas sin vida.

Cuando tú vienes,

cuando contamos contigo,

hasta las horas difíciles

se convierten

en gozosa espera

de que lo que sembramos con lágrimas,

lo cosecharemos entre cantares.

Junto a María,

ayúdanos a ser perseverantes,

a vivir el optimismo de la esperanza,

la desbordante realidad

de que el Señor vive

y hace de todos nosotros

una sola familia, un solo corazón. Amén.